La crisis provocada por la pandemia no tuvo precedentes en los últimos cien años. Sin embargo, se avecina otra crisis, esta vez provocada por bacterias resistentes a los antibióticos existentes, también conocidas como “superbacterias“. 

Los antibióticos están perdiendo eficacia rápidamente y, aunque la resistencia se produce de forma natural, su aparición y propagación se han acelerado enormemente debido al uso inadecuado y excesivo de antibióticos en las últimas décadas.

Los antibióticos tradicionales son principalmente pequeñas moléculas diseñadas para inhibir la síntesis bacteriana de ADN, ARN, proteínas y la pared celular. Pero las bacterias aprovechan una serie de mecanismos para adquirir resistencia, mutan incesantemente y cada mecanismo evoluciona de manera continua. 

Uno de los mecanismos que desarrollaron como defensa las bacterias es juntarse para formar un biofilm o biopelícula: así son hasta mil veces más resistentes a los antibióticos que los microorganismos libres. Originan el 65% de las infecciones microbianas y el 80% de las infecciones crónicas. Además, se forman en material médico como catéteres o implantes.

Por el contrario y hasta ahora, los mecanismos de acción de los antibióticos están preestablecidos y no varían, por lo que la eficacia de estos fármacos se va reduciendo. Sin embargo, hace ya unos años entró en escena un nuevo campo de investigación científica: la nanotecnología y los nanomateriales.  

La nanotecnología utiliza materiales y estructuras que miden de 1 a 100 nanómetros. Estos nanomateriales son entre 1 millón y 100 millones de veces más pequeños que una naranja. Esta escala nanométrica permite que no una, sino una gran cantidad de moléculas se ensamblen hasta obtener un objeto o una superficie que actúa tanto en el organismo de la persona enferma como sobre el patógeno para inhibir las infecciones.

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