A lo largo del día, respiramos cerca de 21.000 veces, haciendo circular por nuestros pulmones unos 8.000 litros diarios. Están continuamente trabajando y, de hecho, no pueden detenerse, dado que de su funcionamiento dependen el resto de los órganos del cuerpo. No solo porque oxigenan la sangre, sino porque es gracias a la acción de los pulmones que podemos eliminar el dióxido de carbono, residuo tóxico para las células. Los pulmones son dos órganos que se asemejan a dos globos de color rosáceo, los cuales ocupan gran parte de la caja torácica, junto con el corazón. De hecho, es por culpa de la ubicación del corazón que los pulmones no son perfectamente simétricos el uno del otro. El pulmón izquierdo es un poco más pequeño, dado que, al menos en la mayoría de las personas, el órgano cardíaco se posiciona en el lado izquierdo de la caja torácica.

Pero pese a esta ligera deformidad, totalmente natural y asintomática, ambos pulmones, en caso de estar sanos, desempeñan satisfactoriamente su papel: ser el centro del sistema respiratorio. Debido a ello, presentan unas estructuras internas especiales, las cuales trabajan unidas para permitir el intercambio de gases.

1. LA TRÁQUEA

La tráquea es el conducto respiratorio que tiene su inicio en la laringe, descendiendo verticalmente hasta la cuarta vértebra torácica, más o menos al nivel del corazón.

En sí, no es una parte de los pulmones, pero es fundamental en el sistema respiratorio, dado que es el conducto que se bifurca para permitir la entrada del aire en ambos órganos respiratorios y, a su vez, dando lugar al bronquio principal derecho e izquierdo.

2. LOS LÓBULOS

Los pulmones se dividen en secciones bien definidas, llamadas lóbulos. Estos lóbulos son unos pliegues en la membrana que recubre los pulmones, llamada pleura.

Estos lóbulos cumplen una función fundamental, dado que son los que permiten que se dé correctamente la respiración. Es gracias a ellos que los pulmones se pueden expandir al inspirar el aire.

Pero, como íbamos comentando antes, a causa del corazón los pulmones no son simétricos, y esto afecta también a la cantidad de lóbulos. Mientras que el pulmón derecho, más grande, está dividido en tres lóbulos, superior, medio e inferior, el izquierdo, más pequeño, solo posee dos, siendo el inferior y el superior.

3. LOS BRONQUIOS

Los bronquios son prolongaciones de la tráquea, los cuales van penetrando en los pulmones y se encargan de que llegue el aire a otras estructuras pulmonares. A medida que el conducto traqueo-bronquial va descendiendo, va ramificándose todavía más, formando unas pequeñas ramas llamadas bronquiolos.

4. LOS BRONQUIOLOS

Los bronquiolos se van haciendo más estrechos cada vez más, para así permitir el intercambio de gases que se producirá en sus extremos, siendo éste el final del recorrido.

Aunque pequeños los bronquiolos tienen una gran importancia, y es por ello que hay unos 300 mil en cada pulmón. Es desde estas estructuras que el aire conseguirá llegar a la siguiente estructura: los alvéolos pulmonares.

5. LOS ALVÉOLOS

Los alvéolos se encuentran al final de los bronquiolos, y están constituidos por unos pequeños sacos de aire en donde se produce el intercambio de gases. La pared de estas estructura está formada por capilares los cuales se relacionan con los vasos sanguíneos, es decir, es el lugar en donde se establece contacto con la sangre.

Por tanto, es en los alvéolos en donde se lleva a cabo la respiración, propiamente dicha, mientras que el resto de las estructuras del sistema respiratorio se encargan de hacer que el aire llegue hasta este punto.

El intercambio de gases se inicia cuando los alvéolos enriquecen la sangre con oxígeno, que este pasa al torrente sanguíneo por difusión simple a través de las paredes capilares.

Estando el oxígeno en sangre, los glóbulos rojos llegan a los capilares alveolares cargados de dióxido de carbono, el cual se ha generado como residuo metabólico tras haber sido usado el oxígeno en el interior de las células.

Para que los glóbulos rojos se puedan unir al oxígeno recién llegado, éstos deben soltar el dióxido de carbono que transportan, el cual será recogido por los alvéolos y, posteriormente, será eliminado al exterior mediante la espiración.

El intercambio de gases ocurre de forma ininterrumpida, y es gracias a los alvéolos que el oxígeno que introducimos del exterior llegue a todas las células del organismo, pudiendo hacer sus funciones metabólicas.

Además, es gracias también a estas estructuras que se puede liberar el dióxido de carbono, antes de que éste intoxique a las células.

6. LA PLEURA

Como habíamos comentado antes, la pleura es la estructura que recubre los pulmones, protegiendo su interior y teniendo, solamente, dos oberturas, por las cuales entran los dos bronquios principales.

La pleura está formada por tejido conjuntivo, que consta de una membrana de células cuya función es la de dar soporte a las partes internas del pulmón. Esta membrana también está cubierta por una mucosa especial que hacen que los pulmones estén lubricados.

Gracias a la pleura los pulmones tienen soporte estructural, además de permitirles expandirse y contraerse, evitando roces con la caja torácica y absorbiendo el impacto en caso de sufrir algún golpe. Así se mantienen intactos los bronquios, los bronquiolos y los alvéolos.

7. EL DIAFRAGMA

Aunque no forma parte de los pulmones, el diafragma es una estructura muy importante para el correcto funcionamiento del sistema respiratorio. Es un músculo que se sitúa por debajo de los pulmones y tiene forma similar a la de una bóveda.

Esta bóveda tiene la función de contraerse cuando se inspira, evitando que los pulmones tengan obstáculos al expandir su volumen. A su vez, el diafragma se relaja durante la espiración.

Referencias bibliográficas:

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Gutiérrez, C. (2004). Fisiología e Higiene. México. Limusa

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